Me viene valiendo un pinche aparato reproductor sexual masculino XXL lo que opines de mi persona, puedo hacer lo que se me pegue la gana con carbohidratos o no.
Yo entonces era otra. Pero no he renunciado ni al amor ni a la herida.
lunes, agosto 17, 2009
Lujuria
Una cosa es verlo sentado, acariciando su barba y riéndose de las patéticas historias que parloteo y otra muy diferente, cuando se acerca, dice que huelo bien y le advierto que ahí está su esposa.
Soberbia
Siempre he dicho que unos existímos para preparar la tierra, sembrarla y por ende convertirnos en el sabio de la región para que otros recojan los frutos que ilusamente creen que nacen por arte de magia. Cabrones.
Ya no sé si disfrutar ese tipo de cosas o quedarme callada pues me da pena ser una sabelotodo, que besen mis pies y embarrarme de ego.
Ya no sé si disfrutar ese tipo de cosas o quedarme callada pues me da pena ser una sabelotodo, que besen mis pies y embarrarme de ego.
viernes, agosto 14, 2009
Qué todavía espera verse junto a tí...
Ya tuve mi primera experiencia y no me gustó. No puedo quitarme de la cabeza que solo es para drogadictos y conciente del hecho, sé que juzgo rapidísimo pero es lo que he conocido hasta el momento y mi momento me dice que no nací para ser parte del movimiento electrónico.
Tal vez debería conocer a personas interesadas en el progreso y recomendación de este tipo de sonidos, será que solo estuve dentro del cuadro ácido-contagio-éxtasis-alcohol, sin embargo y para no hacerles el cuento más largo y sea presa de ataques mediadores de empatía, me divertí.
Sin duda me falta conocer y expandir mis horizontes, soy una cachorra.
Tal vez debería conocer a personas interesadas en el progreso y recomendación de este tipo de sonidos, será que solo estuve dentro del cuadro ácido-contagio-éxtasis-alcohol, sin embargo y para no hacerles el cuento más largo y sea presa de ataques mediadores de empatía, me divertí.
Sin duda me falta conocer y expandir mis horizontes, soy una cachorra.
jueves, agosto 13, 2009
A veces, tan ligera como un pez en el agua, me muevo entre las cosas feliz y alucinada.
Y ahí estaba yo, desvelada y pesimista ante la idea de ser líder de un grupo cuyas edades menores a los 10 años siempre me han parecido un gran problema. El primer contacto que tuve con esos seres fue tímido y amable, no podía darme el lujo de que ellos olieran mi miedo y se percataran de mi insensible trato hacia sus pequeñas vidas pero tampoco pude pasar por alto la frialdad que algunos padres de familia tienen con sus hijos y los dejan a sus suerte esperando que alguien más haga su trabajo.
Cuando llegó la hora de encararlos en el salón y estudiar cada uno de sus movimientos, sentí como me cedían el control y sus caritas se veían animadas. Fue fácil. Un poquitín por acá, una sonrisilla por allá y listo, se irían cuando menos lo pensara sin siquiera sentirlo.
Y ahora estoy aquí prácticamente enamorada de treinta monstruos maravillosos de escasos ocho años de edad lamentando su repentina partida y extrañando sus demandas, sus quejidos, sus olores, sus lloriqueos, sus emociones, sus sonrisas...
Estoy aquí, escribiendo que los niños son asombrosos y que esa capacidad de entender su realidad siempre la voy a admirar. Creí que yo tenía el control y, al contrario, usaron sus artimañas infantiles para regresarme a los ocho años y me perdiera en un país donde jugar, comer, platicar y dormir es sumamente primordial.
Me perdí en treinta cabecitas de amor para dar y que muchas veces sus progenitores no quieren entender. Dejé que me llevaran de la mano a todo eso que había olvidado y ahora... no me quiero ir.
Así es, resignada me voy a quedar, abandonada por ellos y triste por mí cuadrado pensamiento que un día osé tener. Auch, duele.
Cuando llegó la hora de encararlos en el salón y estudiar cada uno de sus movimientos, sentí como me cedían el control y sus caritas se veían animadas. Fue fácil. Un poquitín por acá, una sonrisilla por allá y listo, se irían cuando menos lo pensara sin siquiera sentirlo.
Y ahora estoy aquí prácticamente enamorada de treinta monstruos maravillosos de escasos ocho años de edad lamentando su repentina partida y extrañando sus demandas, sus quejidos, sus olores, sus lloriqueos, sus emociones, sus sonrisas...
Estoy aquí, escribiendo que los niños son asombrosos y que esa capacidad de entender su realidad siempre la voy a admirar. Creí que yo tenía el control y, al contrario, usaron sus artimañas infantiles para regresarme a los ocho años y me perdiera en un país donde jugar, comer, platicar y dormir es sumamente primordial.
Me perdí en treinta cabecitas de amor para dar y que muchas veces sus progenitores no quieren entender. Dejé que me llevaran de la mano a todo eso que había olvidado y ahora... no me quiero ir.
Así es, resignada me voy a quedar, abandonada por ellos y triste por mí cuadrado pensamiento que un día osé tener. Auch, duele.
sábado, agosto 01, 2009
No amarré sus sueños a las cuatro patas de ésta cama fría
Aún me duele el pecho cuando te veo tan sincero y sin preocupación. Me gustas, qué cruz. Ojalá te observaras y me preguntaras qué es lo que te hace tan peligroso e inhumano. Yo encuentro consuelo en aquellos pero aún me duele el pecho cuando te veo tan así despabilado. Comenzaría por quitarte la pelusa de las cejas y mordería tu nariz para que sintieras que es verdad que no me muevo nunca. Suelo ser muy fría cuando se trata de mí, no me importa cerrar los ojos y levantarme con la misma cara y la escarcha de mi vida.
No ligo palabras, no sigo líneas de nada; me duele el pecho cuando te veo ahí sin morder ni un suspiro ni un recuerdo ni un yo tan de ti.
No ligo palabras, no sigo líneas de nada; me duele el pecho cuando te veo ahí sin morder ni un suspiro ni un recuerdo ni un yo tan de ti.
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